Obesidad e hígado graso

Obesidad e hígado grasoYa les he hablado anteriormente de lo importante que es el hígado cuando nos referimos al metabolismo, es un órgano que juega un papel primordial en la pérdida de peso.

Una común causa de insuficiencia hepática, es la cirrosis criptogénica, un término que significa que la causa de la cirrosis es deconocida. No obstante, los médicos creen que muchos casos de cirrosis criptógenica se debe a una evolución del hígado graso no alcohólico.

Esta enfermedad se relaciona a la obesidad, el exceso de peso y desafortunadamente, puede concluir en una insuficiencia hepática e incluso un trasplante de hígado.

Hígado graso afecta la pérdida de peso

En el hígado ocurren muchos procesos metabólicos, si nuestro hígado no funciona con normalidad, la pérdida de peso puede ser difícil, ya que el metabolismo se encuentra por decirlo así, “comprometido”.

Tener un hígado sano, es necesario para conseguir la pérdida de peso, no obstante, la pérdida de peso es también una de las mejores alternativas para tratar el hígado graso.

¿En qué consiste?

El hígado graso es una enfermedad, en la que se acumulan ácidos grasos en el hígado, dando a lugar a diversas alteraciones del hígado. La enfermedad es reversible pero requiere de hacer cambios de hábitos que involucran nuestra alimentación.

Los síntomas más comunes suelen ser cansancio, fatiga crónica, dolor de cabeza, dolor en la parte superior derecha del abdomen e incluso puede llegar a presentarse ictericia. No obstante, algunas personas no presentan síntomas, lo cual dificulta su diagnóstico.

Tratamiento dietético para el hígado graso

La pérdida de peso es la piedra angular del tratamiento  del hígado graso no relacionado al consumo de alcohol. Un estudio demostró que mientras que las personas que ganaban peso daba lugar al aumento de enzimas hepáticas, la pérdida de peso también reflejaba disminución de dichas enzimas.

Algunos medicamentos que pueden ayudar son la insulina, pioglitazona y también metformina, además de reducir el nivel de colesterol en sangre, para lo cual se puede emplear las estatinas, sin embargo, el método más eficaz y natural, es realizar cambios dietéticos.

Se debe evitar alimentos ricos en grasa, fritos, embutidos, los rebozados, etc. También se recomiendo evitar los alimentos ricos en carbohidratos y por lo tanto hipercalóricos. Optar por alimentos vegetales, ricos en fibra, frutas, verduras y legumbres.

La fibra favorece una buena digestión, y además retrasa la absorción de azúcares evitando así los picos de insulina, y también nos hace sentir saciados durante más tiempo.

Opta por grasas de origen vegetal, más saludables como el aceite de oliva, o el proveniente de semillas, como las almendras, un puñado de frutos secos es excelente ocasionalmente.

Prefiere las carnes magras, el pescado es una opción muy saludable, ya que su tipo de ácidos grasos omega 3, tienen múltiples beneficios, además de poseer propiedades anti inflamatorias naturales.

Elige los cereales y harinas integrales en lugar de los blancos, ya que estas opciones nos proveen de más fibra.

Evita los azúcares simples como el azúcar refinado, los caramelos, la fructosa, y alimentos que sean ricos en azúcar refinada, como los pastelillos, helados, etc.

El ejercicio además es esencial, caminar diariamente es un excelente consejo si queremos perder peso y reducir el colesterol malo en sangre.
Se considera una enfermedad inofensiva, ya que revertirse con estos cambios mencionados y desaparece rápidamente con la pérdida de peso, no obstante, si no hay un cuidado adecuado de la dieta, el hígado graso puede progresar en un mal más grave.

Etapas de la enfermedad

La enfermedad se caracteriza por la acumulación de grasa en el hígado y está presente en todas las etapas. La primera etapa se conoce como esteatosis, y generalmente se relaciona con la resistencia a la insulina, condición en la cual, las células no responden adecuadamente a la insulina. Con frecuencia la resistencia a la insulina se relaciona con la obesidad, especialmente la obesidad abdominal.

La segunda etapa es conocida como esteatohepatitis no alcohólica, que además de caracterizarse por la acumulación de ácidos grasos en el hígado, también existe inflamación y destrucción de las células hepáticas, que genera fibrosis en el hígado.

La fibrosis en el hígado se debe a un proceso de cicatrización, progresando a una cirrosis no alcohólica, aunque aún no están claros los factores de riesgo y el progreso del hígado graso a una cirrosis.

No obstante, los estudios sugieren que existe una relación entre el hígado graso no alcohólico, la obesidad y la resistencia a la insulina, así como la diabetes mellitus del tipo 2.

Recomendaciones

Lo mejor para el hígado graso, es llevar a cabo una dieta saludable, bien balanceada y respetando nuestros tiempos de alimentos.

  • Evita las dietas rápidas, que prometen una pérdida de peso acelerada en pocos días, ya que esto en realidad es contraproducente. Someter al hígado a dietas estrictas es poco recomendable.
  • Procura incluir suficientes alimentos vegetales, que tu dieta sea abundante en estos alimentos.
  • Evita consumir alcohol, incluyendo bebidas de baja graduación, como la cerveza.
  • Evita fumar
  • Realiza una actividad física regular

 

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